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¡Mi hijo no me escucha!

Muchos papás y mamás llegan con esta frase muy angustiados, hasta con un examen médico de que no sus niños no tienen problemas de audición y aún así no se sienten escuchados.

Muchas veces es por una asociación equivocada, en donde esperan que los niños escuchen obedeciendo órdenes. Quieren que los niños actúen según lo que los padres dicen y esperan.

· Algunas veces se debe a que nosotros entre adultos tampoco nos escuchamos mutuamente. Ellos siguen nuestro propio ejemplo.

· Cuando nos acostumbramos a llegar a los gritos, ellos se acostumbran también a reaccionar a los gritos y anulan cuando les hablamos en calma. Probablemente se habrán dado cuenta que esta modalidad hace que el ambiente familiar se tense y el clima sea poco agradable.

· Cuando un papá o mamá está constantemente corrigiendo, previniendo o dando instrucciones los niños se cansan y entran en un estado de sordera selectiva porque les falta espacio de creatividad, de equivocarse, se sienten demasiado demandados.

· Cuando los padres son violentos, agresivos o poco respetuosos los niños se refugian en esta sordera selectiva a modo de autoprotección.

· Otras veces es que simplemente no hems encontrado las palabras necesarias para que ellos nos comprendan. Cuando sienten que el discurso les queda grande, se desconectan, esto puede ser por el uso de palabras complicadas o explicaciones muy elaboradas y redundantes de información.

· Cuando los papás abusamos del “NO” los niños se saturan y también bloquean la escucha.

· Cuando tratamos de comunicarnos en momentos en que ellos están abrumados por alguna emoción, su cerebro está bloqueado, por la emoción, a la comprensión del mensaje.

¿Cómo podemos conectarnos con ellos para que nos escuchen?

· Construir y trabajar en un clima familiar que promueva la escucha del otro.

· Ponernos en el lugar de ellos, si me estan diciendo que tengo que parar de hacer lo que me encanta para hacer algo que me carga, que me pasa, que le pasa a mi cuerpo, como puedo hacerlo para que lo reciban mejor. Evaluar el tono, la forma, el contacto físico. Para conectar efectivamente.

· En vez de estar dando órdenes, algunas veces resulta mejor quener roles, y que ellos sepan de antemano lo que se espera de ellos, crear rutinas y estructuras claras y acompañarlos en las tareas, en vez de ordenar la sala de juegos, entre todos, podemos dividirnos, algunos ordenan los bloques, otros los lápices y así es mucho más eficiente y se desarrolla un ambiente colaborador.

· El modo en que nos dirijimos a ellos debe ser el modo con el que a uno mismo le gustaría que se dirijieran, amigable, positivo y enfoncado en solucionar situaciones.

· Encontrar frases que promuevan la conexión, que funcionen dentro de ese grupo determinado de integrantes. Validar las emociones y modos de cada uno.

· Pensar en las expectativas que nos hacemos de nuestros hijos. Muchas veces planeamos cosas o esperamos resultados y nos frustramos cuando no resultan, son niños, pueden equivocarse todas las veces que quieran y puedan, así se aprende. Lo importante es acompañarlos en el proceso.


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